Cultura Clásica y otras nimiedades
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Ars docendi

Llevo ya unos cuantos años enseñando latín (al menos intentándolo), y algunos de los últimos no dejo de darle vueltas a la cuestión del método que se ha de emplear. Esta comedura de coco se me ha vuelto a plantear desde que Antonio y Emilio estuvieron presentando el método Ørberg durante las VI Jornadas de Humanidades Clásicas.

Todo esto, creo, no es más que el reflejo de cierto cansancio o insatisfacción del método tradicional de enseñanza del latín, con demasiados contenidos gramaticales, tal vez. En esta entrada quiero dejar anotadas algunas ideas que he ido revisando a este respecto.

Ciertos métodos más o menos actuales, como el propio método Ørberg, propugnan un aprendizaje natural de la lengua latina, con todo su material escrito en latín, y pretenden que en las clases el profesor y los alumnos utilicen esta misma lengua. A esto se opone, por ejemplo, El Brocense que, en su pequeño tratado Arte para en breve saber latín, explica:

Dicen algunos grosseros, que pues el niño va a la escuela a deprender Latin, que es bien que comience luego a chascar en Latin, chascar dicen, i otros mas pulidos dicen engullir, i otros, que para mi son irracionales, dicen, Vel male, vel bene loquere cum M. No merece esto respuesta; pero por satisfacer a algunos, que por estos se podrian engañar, digo que el Latin de las artes de Gramatica, no aprovecha para hablar, ni escrivir […] Quien quisiere ver cuanto importa saber en Romance el arte, si tanta gana tiene de llegar al Latin, tome dos niños de igual habilidad, i lleve al uno por Romance, i al otro por el Arte Latina, y vera al fin de seis o ocho meses quanto mas presto, i con quantas ventajas, da mejor cuenta de los autores Latinos el Romancista, que el Latinista.

Se pretende, pues, que el discípulo adquiera los rudimentos de la Gramática para, inmediatamente, ponerlo ante autores latinos como Virgilio o Cicerón. Esto mismo se puede leer en el italiano Ch. Longueil, quien comenta a J. Maldonado (Paraenesis ad politiores litteras adversus grammaticorum vulgum):

Nosotros ponemos en manos de los niños un librito de cuatro a cinco hojas, en el que se les presenta un breve esquema de las declinaciones y de las conjugaciones; y, cuando lo saben, cosa que lleva menos de un mes, enseguida los pasamos a Terencio o a Salustio.

Una discusión acerca del modelo pedagógico de Nebrija y de las primeras reacciones adversas puede leerse aquí. Los humanistas que empiezan a cuestionar el método de Nebrija (El Brocense, Lucio Marineo Sículo) defienden el sistema de enseñar rápidamente unos rudimentos de gramática latina e introducir lo antes posible al alumno en la lectura de autores clásicos. Yo quise probar este método en algún momento; llegué incluso a empezar a preparar la herramienta electrónica para ello. Por ahora no lo he puesto en práctica, tal vez por miedo, tal vez porque me parece que hay que hacer una selección inicial de textos que no he tenido tiempo de realizar.

Tenemos pues dos caminos: enseñar los rudimentos gramaticales a los alumnos e introducirlos enseguida en la lectura de autores clásicos; o utilizar un método tipo Ørberg con el que se pretende que los alumnos comprendan los textos y descubran por sí mismos los mecanimos de la gramática. Los libros de texto que suelen utilizarse han tirado por la calle de en medio: proponen una secuenciación de ejercicios gramaticales y frases sueltas para practicar cada uno de ellos. Ésta sea tal vez la solución menos atractiva: las frases sueltas pueden carecer de sentido fuera de su contexto, y resultan forzadas en cuanto a su dificultad, pues hay que evitar los contenidos gramaticales que aún no se han estudiado.

No sé qué hacéis vosotros en vuestras aulas. Yo estoy tan cansado, que estoy dispuesto a probar cualquier cosa. Dadme ideas.

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8 comentarios

1 laura { 03.05.06 en 11:30 am }

Creo que debe potenciarse la otra parte del latín, la cultura clásica. Me parece bien que se enseña gramática y traducción latina, pues se refuerza la lógica y la sintaxis de la propia lengua, pero la asignatura puede dar mucho más de sí. Por ejemplo, una profesora nos mandó buscar durante un tiempo logos en latín para hacer un trabajo sobre su pervivencia, valían nombres de marca, lemas… Los ejercicios de etimología son útiles y divertidos. Hay páginas en las que la informática puede cambiar la visión de la lengua como algo arcaico y muerto. Vídeos sobre Roma, temas sobre historia, relaciones con el griefgo y el indoeuropeo, mitología…. Dudo que nadie se vaya a aponer a hablar latín, para eso más valdría enseñar esperanto, pero sí es útil acceder a la fantástiva cultura que nos han legado

2 Sebastià { 03.05.06 en 12:46 pm }

Estoy de acuerdo con lo que dice Laura y me parece perfecto que la cultura clásica tenga ahora más presencia, aunque repugne a muchos filólogos, pero yo creo que el tema que plantea Carlos es otro: la enseñanza de la lengua, porque poca o mucha, algo hay que enseñar. Y Carlos apunta, creo yo, al meollo del problema del aprendizaje de las lenguas clásicas en la educación secundaria.

Dos constataciones iniciales:

1) hay que ir a lo básico (sin entrar en la interminable casuística de la gramática tradicional).
2) para mi la progresividad en el aprendizaje de una lengua, de cualquier lengua, es fundamental. No se puede aprender los rudimentos de inglés y enfrentarse a Shakespeare, ni siquiera a un literato actual (aunque en lenguas modernas se usan adaptaciones ¿verdad?).

Ahora bien, nosotros tenemos que preparar a los alumnos para la prueba de selectividad y eso también nos condiciona.

Yo antes utilizaba el método de Reading Latin, que permitía un aprendizaje progresivo. Pero al cambiar de tres a dos cursos, ya no era nada fácil saltar del método al texto clásico puro y duro. No puedo hablar mucho del tan famoso método Ørberg, porque solo tengo una impresión superficial, pero de entrada no me gustan los textos iniciales. En el Reading Latin al menos sonaban bastante a Plauto. Y no me veo hablando o enseñando en latín.

Imagino que cada profesor tiene que encontrar su método. Para mi es importante que los alumnos vayan aprendiendo de modo progresivo en los diversos aspectos (morfología, sintaxis y vocabulario), al tiempo que aprendan a traducir. Pero la traducción no tiene que ser siempre con textos, sino que se puede combinar con la traducción en los ejercicios. Creo que hay que buscar también la variedad en los ejercicios y ahí el uso de las TIC puede ayudar.

No hay que tener escrúpulos en manipular los textos de los venerables clásicos (al menos yo no los tengo) para conseguir esa gradación. Por otra parte los temas de los textos deben ser variados e interesantes. Y eso es difícil porque requiere mucho tiempo buscarlos (y confieso que ahí fallo estrepitosamente). César, por ejemplo, debería estar prohibido (o casi). En suma, elaborar un método para enseñar una lengua requiere mucho tiempo, que es algo de lo que carecemos.

Por ahora eso es todo, pero el tema sin duda da para mucho más. A ver si la gente se anima a participar.

3 Ana { 03.05.06 en 6:24 pm }

Has metido el dedo en la llaga, Carlos. Creo que lo que planteas es “EL TEMA”: ¿Cómo enseñar latín?
Sobre la enseñanza de la lengua, mi opción es el método natural, sin duda, y en latín, con Lingua Latina per se Illustrata, la elección es clara. El problema lo tenemos en griego, porque el método más parecido es Athenaze (Oxford para nosotros) y todavía le falta bastante para aproximarse al de Orberg.
Los métodos tradicionales, que enseñan gramática sacada de contexto, sin utilidad, sobre frases sin sentido, y demás “ventajas” no pueden mantenerse ni por la estructura de nuestro sistema educativo (¡con 2 años de latín!), ni con los alumnos que nos llegan (ya sabemos la base gramatical que traen), ni con la sociedad y época en la que vivimos. No tiene ningún sentido.
El método natural permite acercar a los alumnos a las lenguas clásicas, sin exigirles saber todas las irregularidades del sistema (para eso ya estudiarán filología, si quieren), sin solucionar los problemas a otras asignaturas (léase análisis sintáctico de castellano, catalán …), sin aburrirlos con frases absurdas y sin ninguna relación.
A diferencia de Sebastià, creo que con un método como el de Orberg se pueden alcanzar de sobra los contenidos que se exigen en la Selectividad (al menos en la Comunidad Valenciana) pero no sólo eso, gracias a ese método, los alumnos disfrutan con el latín.
Parece un poco triste enseñar durante dos años una lengua y que terminado ese tiempo sean incapaces de decir una simple frase. ¡Menudo legado estamos dejando a nuestros alumnos! ¿Ese es el recuerdo que queremos que se lleven del latín?
Es verdad que el método Orberg no es un método fácil, hay que creérselo, y exige que el profesor también se ponga al día, comience a hablar y a usar el latín como lengua, y eso es algo que cuesta y mucho. Pero los resultados son espectaculares: alumnos muy motivados, que piden más, que se divierten, que suena el timbre y dicen “¿ya?”, que comprenden textos larguísimos sin buscar todas y cada una de las palabras en el diccionario, que comprenden la lógica de la lengua, que entienden y traducen correctamente un pronombre relativo (aunque no saben qué es una “proposición de relativo”), que usan el latín como medio de comunicación … que aprenden la lengua, no una serie de normas que difícilmente volverán a recordar si no estudian filología clásica.
La utilización de las TIC, al igual que en la enseñanza de las lenguas modernas, sólo puede reforzar este trabajo. Son herramientas nuevas que cobran sentido completo con una metodología activa como el método natural.
Tal como yo lo veo, igual que en la aplicación de las TIC ha habido una evolución, desde la web estática hasta esta nueva etapa en la que todos participamos del proceso de aprendizaje, en la enseñanza de nuestras asignaturas está pasando lo mismo: no tiene sentido enseñar en una sola dirección, el proceso de aprendizaje ha de ser recíproco, participativo, colaborativo. Y eso se consigue con los métodos naturales, no con los tradicionales.
Bueno, me ha salido un discurso más que un comentario, pido perdón por extenderme tanto.

4 Jose { 03.05.06 en 11:34 pm }

No tengo soluciones, pero sí un par de ideas. La primera es el recuerdo de un artículo viejísimo (años 40/50) sobre didáctica de Agustín García Calvo, quien decía que mucho más importante que el método es la motivación. Argüía que en el renacimiento, en que el latín era lo que el inglés ahora, mucha gente aprendía en unos pocos años a hablar y escribir latín, e incluso a leer griego rápidamente, con métodos del pleistoceno, porque… pues porque estaban muy motivados, y el latín flotaba en el ambiente (”…is blowing in the wind”). Por ese lado tenemos la batalla perdida, porque fuera de cuatro latinajos en artículos sesudos, el latín y el griego ya no están flotando en el ambiente.

¿La finalidad de nuestras materias es que los alumnos lean de verdad, a bote pronto, a los clásicos en su lengua? ¿Con dos años? Cuando lo vea lo creeré, pero me cuesta horrores. Si no es así, a lo mejor sólo queda admitir que el papel que les queda a nuestras asignaturas es modesto: ser “ancillae” de las demás humanidades. Recuerdo una charla en que un matemático demostraba que las matemáticas en sí no servían para nada, que eran unas herramientas para la física, la biología, la ingeniería… Claro, que los matemáticos pueden mostrarse así de desnudos, porque su razón de ser no está en peligro. En nuestro caso, habría que reconocer que la función de nuestras materias es recordar a los futuros historiadores, filólogos de lenguas modernas, filósofos, licenciados en derecho, etc. que hubo un pasado latino y griego en el que tendrán que bucear, cuando quieran saber algo a fondo de lo suyo.

Si de dar a los bachilleres humanistas un barniz de clasicismo se trata, entonces el aprendizaje de vocabulario me parece fundamental, así como los contenidos de cultura. A la vez habrá que mandar a la hoguera a los duales, los dativos simpatéticos, la conjugación atemática, etc. que es algo que imagino que ya todos hacemos, pero que algunos libros de texto se empeñan en ocultar. ¿Y los textos? Me parece muy sensato dar a traducir textos no adaptados, originales, pero con parte de las dificultades resueltas sin complejos. ¿Que sale un participio de perfecto? Pues traducido en nota y a correr… ya aprenderá qué es eso quien elija la filología clásica.

5 Emilio Canales { 03.07.06 en 11:09 pm }

He recibido del compañero Carlos su amable invitación para participar añadiendo mi comentario personal sobre el tan traído y llevado problema de la optima docendi ratio. Entiendo que se me juzgará a priori como parte interesada, pero quizá sea positivo que se conozcan algunos precedentes y se eliminen ciertos malentendidos sobre el método Orberg. Al margen de la edad, hay algo que nos une mucho más de lo que el propio Carlos cree: fue la insatisfacción por el desarrollo de las clases de latín la que nos llevó a Antonio y a mí a dar un giro radical en nuestra docencia. Curiosamente hace unos 50 años un profesor danés experimentó la misma terrible experiencia cuando sus alumnos le cuestionaban, con una insistencia que hundía al docente más motivado del mundo, para qué valían tanta gramática y tan desmesurado conglomerado de reglas para aplicarlas luego a absurdas frases como regina poetam amat. A lo largo de la semana que tuvimos la suerte de compartir impresiones con el magister realmente acabamos imbuidos de su forma de plantear las cosas, porque partían de una lógica contundente e incuestionable: es la práctica la que ha llevar a la reflexión gramatical, y no al contrario.
Hace dos años nos lanzamos con armas y bagajes al otro lado del río, con los mismos miedos que todos vosotros (podíamos irnos al fondo con un peso tan enorme: nuestra propia tradición gramaticalista), pero hoy sabemos que el paso decidido que dimos hacia delante nos ha reportado en tan poco tiempo más satisfacciones que todo nuestro trabajo de cursos anteriores.
¿Clásicos adaptados? Nauta poetam videt no es ni siquiera un clásico adaptado. Jamás autor alguno pronunció esta frase ¿Motivación de los alumnos? Mucho más elevada que con cualquier otro método: los alumnos siguen con interés una historia con personajes romanos, a los que les ocurren una serie de aventuras y desventuras ¿Gramática? Rigurosa y sistemática desde el primer capítulo, no nos equivoquemos, ¿Cultura? Emana de las propias escenas que vemos desenvolversa ante nuestros propios ojos, ¿Etimología? Se puede trabajar con las nuevas palabras que aparecen en cada capítulo ¿TIC? CD-ROM FAMILIA ROMANA, CD-ROM ROMA AETERNA, EXERCITIA LATINA I, EXERCITIA LATINA II, LATINE AUDIO e, incluso FAMILIA ROMANA para NETWORK ¿César? A partir del capítulo XXXIII, aunque los alumnos lo entienden en su mayoría sin necesidad de diccionario.
Hace mucho tiempo los propios ingleses abandonaron mayoritariamente la metodología tradicional (de largas listas de frases y catálogos interminables de reglas absurdas) y crearon métodos emanados desde las más prestigiosas universidades, como Oxford o Cambridge. En Inglaterra, un alumno puede aprender latín desde los 7 años. Obviamente han aprendido hace muchos, muchos años que no podían motivar a un niño de primaria con el poeta nautam videt y, sin embargo, los resultados son mucho mas satisfactorios en muchos aspectos que los de España
¿LATINE LOQUI? Por los comentarios observo que la cuestión se ha sobredimensionado: desdichadamente no somos Luigi Miraglia (a quien tendremos el placer de oír disertar en latín en nuestras II Jornadas) ni pretendemos que los alumnos hablen latín por la calle. Quede bien claro que simplemente se trata de responder en latín a determinados ejercicios que se plantean con preguntas en latín, teniendo en cuenta que sirven para comprobar si el alumno ha entendido el texto propuesto y si ha asimilado las estructuras que han ido apareciendo en él. Gracias a este tipo de actividades los estudiantes logran hacerse con más facilidad con la configuración de la lengua que aprenden. Un dato: el propio Orberg no habla latín, ni diseñó el método para que se hablara: pretendía ante todo que se pensara en latín, en la medida de lo posible.
Una última reflexión: ¿Qué haremos cuando se implante el latín de Cuarto de ESO (si lo ven nuestros ojos) y tengamos que entrar en competencia feroz con Informática o Francés? ¿Será el método tradicional el que logre llenar las aulas de neófitos deseosos de aprender los rudimentos de la lengua latina…?

6 marga { 03.09.06 en 1:01 pm }

ola soy una xika del ies san pedro de alcantara y me gustaria k me dijeras si ese antonio al k te refieres es antonio arroyo
bueno muxas gracias y decirte k la pagina esta esta muy bien
muxas gracias
marga alcantara

7 Carlos Cabanillas { 03.10.06 en 12:28 am }

Pues no, Marga, el Antonio al que me refiero no es mi compañero Antonio Arroyo, sino mi colega Antonio González Amador, de CulturaClásica.com.

Leo con interés todas las intervenciones que habéis dejado aquí, y cada vez me parece ver más claro que tanto o más importante que el método es el profesor. Habláis de la importancia de la motivación, y un punto fundamental en esta motivación es el entusiasmo que pueda transmitir el profesor. Puede ser que la duda metódica que me corroe esté matando ese necesario entusiasmo.

Lo que sí me hubiera gustado es teneros a cualquiera de vosotros como profesores cuando hice 3º y C.O.U.: podría haber conocido otras formas de ver el latín y, sobre todo, otras formas de enseñarlo. Mi profesor de aquellos años era un viejo excombatiente de la guerra civil -aporto el dato por su pertinencia, ya que a menudo nos regalaba con el relato de alguna batallita-, que sabía mucho, pero no tenía ya sangre para calentar las aulas. Aun así, yo aprendí mucho con él, a pesar de su decimonónico método.

Los tiempos son otros. Seguiré dándole vueltas a este asunto hasta que pueda volver a ilusionarme con algo, y poder así destilar entusiasmo en mis clases.

8 Ana { 03.10.06 en 12:21 pm }

No me puedo creer que dudes de tu entusiasmo. Días menos buenos tenemos todos, pero la ilusión por transmitir y comunicar es lo que nos mantiene en la brecha. El trabajo que mantienes es reflejo de esa ilusión: sólo leyéndote se puede descubrir tu entusiasmo, así que seguro que “la divinidad sigue dentro de ti”.

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